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Cuarteta

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Jorge Luis Borges, "Museo", El hacedor (1960) Murieron otros, pero ello aconteció en el pasado, que es la estación (nadie lo ignora) más propicia a la muerte. ¿Es posible que yo, súbdito de Yaqub Almansur, muera como tuvieron que morir las rosas y Aristóteles? Del Diván de Almotásim el Magrebí (siglo XII) Imagen desconocida. En algunas páginas web, la asocian al teólogo sufí del siglo XIV Ibn Abbad al-Rundi y, en otras, al rey poeta de Sevilla Muhammad ibn Abbad al Mu'tamid, quien vivió en el siglo XI. Parece una miniatura persa. 

A petición del patriarca, por cortesía, recibe las sagradas especies, días antes de morir, el poeta alejandrino Constantino Cavafis

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Rafael Pérez Estrada en Caballo griego para la poesía III (1997). Elegidos cursores traen, insistentes, confortantes palabras o amenazantes gestos, Tratan en un lenguaje (que ajeno os es mucho) de cuantas satisfacciones debéis en favor de vuestro propio nombre. Dicen que obligado estáis por bien de la conciliación a suplicar (y nada habéis pedido) Gracias Sacramentales. Esto: el perdón que se os da renuncia es a la dicha que la memoria alcanza, rescatando hallazgos que fueran en tardes por tabernas, iniciales mañanas y adolescentes lechos. Sus discursos distraen la luz de vuestra propia obra: poemas terrenales donde habita el memorial vivido. Acuciantes en su osadía por patriarcales sellos, se os ordena distinguir las virtudes, la norma, la moral y negar lo perverso. No es difícil aceptar, sólo por cortesía, a quienes os asedian. Y cuando se comprende la razón: rechazo de vuestro haber vital, con un gesto elegante o la frase elocuente (como Forster así lo describiera),...

El Altísimo Juan Sforza compone unos loores a su dama mientras César Borgia marcha sobre Pésaro

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Guillermo Carnero, Dibujo de la muerte (1967) La gama de los grises y de los rosas pálidos sosiega en la penumbra nuestro ojos, que han visto tanta muerte. Culebrinas, arietes, pavos reales, fuegos de artificio acarician los muros. Entre las arpas gira un contenido vendaval de amor. Eternamente jóvenes, esos cuerpos de niños o de diosas no en el jardín, no expuestos al fuego y a la nieve y al hierro de la lanza, sino cálidamente abrigados aquí, en el delgado aroma del marfil, no devueltos al ciclo, a la vorágine de lo que vive y muere. No en el aire que sacude la pólvora sino en esta penumbra, entre un rescoldo helado de rubíes. Máscaras no corrompen el finísimo brillo de las carnes de mármol. Eternamente       jóvenes, eternamente vivos, eternamente vivos como en el primer día      debajo de la máscara, y ni fuego ni muerte ni curso de las horas habitarán jamás este salón. Sandro Botticelli, La calunnia (1494)

[Antonio y Cleopatra]

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Juan Luis Panero, Antes que llegue la noche (1985) Mensaje de Antonio a Cleopatra I Alaben otros tu dormida belleza, la suavidad de tu piel en reposo, la medida perfección de tus miembros. Yo no he venido a eso, he venido tan solo a penetrarte por el pecho y por la espalda, como un puñal atraviesa el agua transparente y se hunde y se pierde en el pozo sombrío Mensaje de Cleopatra a Antonio II No alabes mi belleza, otros ya lo han hecho. Penétrame por el pecho y por la espalda, hazme sentir la vida en la cintura  y que, enlazados, tu cuerpo y el mío puedan detener la furia atroz del tiempo. Pero, si llega un día en el que el tiempo nos alcance, no te lamentes, estúpido borracho, y cae con valor -Cavafis ya lo ha escrito- a ese pozo sombrío. Sir John William Waterhouse, Cleopatra (1888)

Digamos que Ámsterdam, 1943

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José Emilio Pacheco, No me preguntes cómo pasa el tiempo (1969) El agua vuelve al agua. Qué inclemente caer de lluvia sobre los canales en la mañana inerme. Y a lo lejos un silbato de fábrica. Entre sábanas, roto, envejeciendo está el periódico; la guerra continúa, la violencia incendia nuestros años. Bajo tu cuerpo y en tu sueño duermes. ¿Qué será de nosotros? ¿Cuándo y dónde segará nuestro amor el tajo, el fuego? Se escucha la respuesta: están subiendo. Me voy, no te despiertes: los verdugos han tocado a la puerta. Tavik Frantisek Simon, Viejas casas, Ámsterdam (1909)

El dios abandona a Antonio

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José María Álvarez, Museo de cera (1975) " Que ningún otro entusiasmo sino por la virtud y el arte  brille en mis ojos, y que dueño de él yo me regocije  con lira, baile y canto, y goce un corazón honrado en compañía de los hombres de bien ." Teognis Cuando de pronto a media noche oigas esa música que entierra tu fortuna,                                               y más allá de las murallas, las enseñas de Octavio, el acre olor de los conquistadores                                         -Pide a tu esclava más vino. Mira esa copa donde mañana él beberá, la ciudad que ha de glorificar su paso como antes el tuyo,                               ...

Nocturno en Al-Mansurâh

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Álvaro Mutis, Un homenaje y siete nocturnos (1987) Beau Sire Dieu, gardez moi ma gent . San Luis Rey en Bar-al-Seghir Tendido en un jergón de la humilde morada del escriba Fakhr-el-Din, Luis de Francia, noveno de su nombre, ausculta la noche del delta. Los pies descalzos de los centinelas pisan el polvo del desierto que llega con el viento. Insomne, el prisionero ha vigilado paso a paso la invasión de las sombras. Los más leves susurros se han ido apagando hasta dejarlo inmerso en el ámbito de tinieblas que palpitan en un aleteo de lienzos sin límites. Reza el Rey y pide a Dios que tenga clemencia de su gente ahora que todo ha terminado. Un sordo dolor corroe su vigilia. Por virtud de la encendida palabra del Rey Santo, caballeros y siervos burgueses y campesinos, gentes de a pie y de a caballo, acudieron de todos los rincones de Francia. Ahora quedan en el campo, ración para los buitres, o gimen en las galeras del infiel. Sólo algunos grupos en derrota consigu...