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El anciano Constantino de Alejandría recoge las cenizas de su juventud

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Juan Vicente Piqueras en Márgenes 1-2 (1980) " cuando los labios y la piel recuerdan " A esta ciudad de Istanbul inmensa como la gloria que conocieron sus muros, hermosa como la juventud que contemplé y me contemplaron, a este bar -precisamente a éste-, a este vino, acudo ciegamente a remover mi herida, palabras y penumbras donde falta el consuelo, palabras y penumbras solas y entristecidas. Solo, a esta mesa desvencijada y sucia acuden los destellos lujuriosos que otras manos de luz en mi piel concertaron, para que en esta noche me sea dado amarlas y sentir en mi carne, ya marchita, la ausencia de mi vida y de su tacto que la moral cristiana condenara. Me duele el pensamiento. Me vence la verdad. Y me ocupa el dolor por los días perdidos, mientras el mar respira a través de mis manos. En este bar pequeño de esta inmensa Istanbul para acabar mis días lanzo un ruego a los dioses: Ya que mi cuerpo ha sido, cuando joven y hermoso, olvidadizo, inepto,...

Clérigo vagante

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Luis Antonio de Villena, El viaje a Bizancio (1972-1974) Andando entre la nieve de góticos aromas, por los largos caminos de la ancha Europa, entre catedrales y villas de sombra alargada, va un hombre mal vestido, de mirada profunda. Ha leído a Ovidio, latines y bestiarios. Bebido tal vez de todos los vinos de la tierra. Fornicado y amado en tabernas y burdeles con mujeres sin historia y damas de leyenda. Sabe que la vida es sólo un extraño hilván de cosas inconexas: placeres y dolores, ebriedad y miseria, libros y oro. No hay final o el final nadie lo sabe. Andando entre la nieve, feliz y beodo, acaso echado fuera de una casa noble, masca versos latinos, camino de ninguna parte el viejo Archipoeta, clérigo en Colonia. Homo videt faciem, sed cor patet Iovi. No hay final o el final nadie lo sabe Het Luilekkerland (1567), Pieter Brueghel El viejo