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El anciano Constantino de Alejandría recoge las cenizas de su juventud

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Juan Vicente Piqueras en Márgenes 1-2 (1980) " cuando los labios y la piel recuerdan " A esta ciudad de Istanbul inmensa como la gloria que conocieron sus muros, hermosa como la juventud que contemplé y me contemplaron, a este bar -precisamente a éste-, a este vino, acudo ciegamente a remover mi herida, palabras y penumbras donde falta el consuelo, palabras y penumbras solas y entristecidas. Solo, a esta mesa desvencijada y sucia acuden los destellos lujuriosos que otras manos de luz en mi piel concertaron, para que en esta noche me sea dado amarlas y sentir en mi carne, ya marchita, la ausencia de mi vida y de su tacto que la moral cristiana condenara. Me duele el pensamiento. Me vence la verdad. Y me ocupa el dolor por los días perdidos, mientras el mar respira a través de mis manos. En este bar pequeño de esta inmensa Istanbul para acabar mis días lanzo un ruego a los dioses: Ya que mi cuerpo ha sido, cuando joven y hermoso, olvidadizo, inepto,...

Peligroso

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Jesús Aguado en  Litoral. Revista de la Poesía y el Pensamiento   no. 221-222. Cavafis  (1999) A muchos el estudio y la contemplación les vuelve débiles −soldados que se apoyan en sus lanzas para andar y no piensan ya nunca en el combate−, sin resistencia −cráteras en mil pedazos rotas por el simple portazo de un amante furioso−, fanáticos −se ahogan porque olvidan que el barco tiene velas y remos y un timón, y no sienten el viento, el oleaje, la voz de las estrellas gritándoles el rumbo−, monstruosos −son hidras de múltiples cabezas peligrosas en un cuerpo que sólo las sirve de soporte−, inútiles −anegan las viñas que debían regar−, injustos −son balanzas amañadas en días de mercado−, ciegos −si miran, sólo lo hacen con los ojos−. A muchos el estudio y la contemplación les hace analfabetos y les mustia los lotos de la carne. Pero no a mí, que sé −y es lo primero que aprendí− los saltos que hay que dar del placer a la sabiduría, qué abismos lo...