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El poeta y la muerte

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Juan Luis Panero, Galería de fantasmas (1988) Y aunque la vida murió, nos dejó harto consuelo su memoria Jorge Manrique Si como afirma Borges todos los hombres son el mismo hombre, aurora y agonía, y poco importan sus nombres y sus rasgos, yo quisiera olvidando la anécdota banal de mi destino buscar en otro rostro a ese único hombre, otra sombra, otro sueño mejor, igualmente perdido. Un caballero dispone sus armas, sus escuderos ajustan la armadura, se coloca el yelmo, sujeta con firmeza el escudo, la luz de la mañana es un reflejo metálico del sol, el tiempo se ha detenido en las gualdrapas del camino. Todo esto ocurre en 1479 y aún sigue ocurriendo frente a las almenas del castillo de Garci-Muñoz. El caballero blande su espada en defensa de su lealtad y de su reina, aún no sabe que su destino termina allí, en el campo de Calatrava, que no verá otro día. Entre rasgar de flechas y cascos de caballos, oliendo a tierra seca y sangre sucia, quizá recuerde ...

[Antonio y Cleopatra]

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Juan Luis Panero, Antes que llegue la noche (1985) Mensaje de Antonio a Cleopatra I Alaben otros tu dormida belleza, la suavidad de tu piel en reposo, la medida perfección de tus miembros. Yo no he venido a eso, he venido tan solo a penetrarte por el pecho y por la espalda, como un puñal atraviesa el agua transparente y se hunde y se pierde en el pozo sombrío Mensaje de Cleopatra a Antonio II No alabes mi belleza, otros ya lo han hecho. Penétrame por el pecho y por la espalda, hazme sentir la vida en la cintura  y que, enlazados, tu cuerpo y el mío puedan detener la furia atroz del tiempo. Pero, si llega un día en el que el tiempo nos alcance, no te lamentes, estúpido borracho, y cae con valor -Cavafis ya lo ha escrito- a ese pozo sombrío. Sir John William Waterhouse, Cleopatra (1888)

Constantinopla. Año 1453

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Juan Luis Panero, Galería de fantasmas (1988) Olor acre de axilas depiladas, de perfume pasado de rosas, de estiércol pisoteado de caballos. Sé, me lo han contado, que las murallas de la ciudad ya no pueden resistir al infiel. Todas las defensas han fracasado. El pobre emperador, nuestro bien amado Constantino XI, intenta inútilmente salvar la ciudad de su nombre, pactar con el enemigo, firmar desesperados tratados de paz. Pero todo, lo sé, es completamente inútil. Escucho griterío de mujeres, carreras enloquecidas, golpes de puertas, aullidos de la soldadesca, mandobles y agonías, eructos de borrachos. Aún podría escapar, ocultarme en el húmedo sótano disimulado, como aquella otra vez. Pero ahora todo está perdido. Sé bien que esto es el fin. Salgo a la calle, maldiciones, estruendo, sollozos, humo pestilente. En la hoja, con gotas de sangre, de un alfanje afilado, miro, tercamente, por última vez, el rostro de este pobre pecador abandonado. Entrée d...